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El miedo nunca resolvió problemas

Estaba recordando una famosa serie llamada “mil maneras de morir”, trama que me robaba el sueño cada vez que la miraba y acentuaba una nefasta sensación de pánico e inseguridad porque algo cierto afirmaba, “nos debatimos contra la muerte todos los días”.

Hace falta solo ver alrededor para coleccionar razones de preocupación. El sol irradia rayos cancerígenos. Los sistemas de refrigeración desprenden partículas microscópicas que pueden atascar nuestros pulmones. En el colegio usan poroplast para calentar la merienda de nuestros hijos en el microondas, sin tomar en cuenta lo dañino que eso puede ser al organismo. Las frutas y los vegetales ya no son tan puros por la cantidad de pesticida que absorben. Un virus con corona se yergue por encima de la humanidad. Y podría seguir, pero no quiero que terminemos llorando.

Muchos de nosotros tenemos máster en ansiedad producto de esa realidad, nos vamos a la cama preocupados de no amanecer, y nos despertamos preocupados de no atardecer. El miedo se pavonea por las calles de la mano de la muerte, cual Goliat escupiéndole la cara a un ejército timorato.

“Hecho un mar de nervios”, ¿te suena esa frase? Demasiado usual.

Te pregunto ¿Te gustaría dejar de tener miedo? Mi pregunta puede parecer insólita o hasta ingenua. Pero justamente esa es la posibilidad que Jesús nos ofrece. La realidad de vivir libres de temor.

El temor es el hermano mayor del “desasosiego” y este a su vez primo hermano de la falta de paz. Este trío nocivo termina exterminado al cumplirse lo que el Apóstol Pablo le escribe a los Filipenses:

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7
La orden es clara: “No se preocupen por nada”, porque a fin de cuentas el miedo nunca ha resuelto un problema. ¿Cuándo fue la última vez que el miedo te alivió un dolor de cabeza, te pagó una cuenta o estabilizó tu matrimonio? Nunca. El miedo lo único que puede engendrar es inseguridad, angustia e incluso síntomas físicos como un corazón dolorido. Pero respuestas y soluciones, nunca.

Expertos se atreven a afirmar sobre las cosas que nos preocupan lo siguiente:

  • 40 por ciento de ellas nunca llegan a suceder
  • 30 por ciento tienen que ver con hechos inmodificables del pasado
  • 12 por ciento se enfocan en opiniones de los demás que no podemos controlar
  • 10 por ciento se centran en la salud personal, la cual solo se empeora con nuestra preocupación
  • 8 por ciento corresponden a problemas reales en los que podemos influir.

Esto lo digo y me lo grito a mí mismo, hasta sacudir los tímpanos del alma ¡Nuestras preocupaciones son innecesarias en el 92 por ciento de los casos! Hay un camino mejor, la confianza en Dios, la seguridad de que Él nos ama y nos guarda.

Si querés una receta para decirle adiós al miedo, podés extraerla del pasaje de Filipenses. Un poco de oración y ruego, cubiertos con salsa de gratitud.

Efecto final: alivio del temor y la preocupación, un estómago sin acidez , uñas completas y un pecho sin opresión.