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Música para tiempos difíciles

Desde mis años de niñez la música me atrapó. Recuerdo interminables jornadas en las que mi juguete favorito era un radio a la par de mi oreja que me acompañaba día y noche.

La música es un arte, y como todo arte surte un impacto real sobre las emociones y la actitud.

En la vida cristiana, la música juega un roll particular en la adoración y la vida devocional del creyente. Un corazón agradecido y lleno de gozo, emite una melodía de alabanza a Dios incluso en tiempo difíciles.

“Mi corazón está confiado en ti, oh Dios; mi corazón tiene confianza. ¡Con razón puedo cantar tus alabanzas!”

Salmos 71:23 (DHH)

“Él puso una canción nueva en mi boca, una canción de alabanza a Dios. Mucha gente verá lo que Dios ha hecho y lo alabará; se llenarán de confianza en él.”

Salmos 57:7 (NTV)

“Alaben al Señor, porque el Señor es bueno; celebren con música su precioso nombre.”

Salmos 150:1-5 (DHH)

En estos tiempos tan difíciles donde todo gira alrededor de la pandemia que azota al mundo, me gustaría compartirte una lista de reproducción de canciones llenas de paz, calma y bienestar. Canciones que te permitan volcar todas tus emociones a Dios y encontrar la serenidad que todos necesitamos.

El miedo nunca resolvió problemas

Estaba recordando una famosa serie llamada “mil maneras de morir”, trama que me robaba el sueño cada vez que la miraba y acentuaba una nefasta sensación de pánico e inseguridad porque algo cierto afirmaba, “nos debatimos contra la muerte todos los días”.

Hace falta solo ver alrededor para coleccionar razones de preocupación. El sol irradia rayos cancerígenos. Los sistemas de refrigeración desprenden partículas microscópicas que pueden atascar nuestros pulmones. En el colegio usan poroplast para calentar la merienda de nuestros hijos en el microondas, sin tomar en cuenta lo dañino que eso puede ser al organismo. Las frutas y los vegetales ya no son tan puros por la cantidad de pesticida que absorben. Un virus con corona se yergue por encima de la humanidad. Y podría seguir, pero no quiero que terminemos llorando.

Muchos de nosotros tenemos máster en ansiedad producto de esa realidad, nos vamos a la cama preocupados de no amanecer, y nos despertamos preocupados de no atardecer. El miedo se pavonea por las calles de la mano de la muerte, cual Goliat escupiéndole la cara a un ejército timorato.

“Hecho un mar de nervios”, ¿te suena esa frase? Demasiado usual.

Te pregunto ¿Te gustaría dejar de tener miedo? Mi pregunta puede parecer insólita o hasta ingenua. Pero justamente esa es la posibilidad que Jesús nos ofrece. La realidad de vivir libres de temor.

El temor es el hermano mayor del “desasosiego” y este a su vez primo hermano de la falta de paz. Este trío nocivo termina exterminado al cumplirse lo que el Apóstol Pablo le escribe a los Filipenses:

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7
La orden es clara: “No se preocupen por nada”, porque a fin de cuentas el miedo nunca ha resuelto un problema. ¿Cuándo fue la última vez que el miedo te alivió un dolor de cabeza, te pagó una cuenta o estabilizó tu matrimonio? Nunca. El miedo lo único que puede engendrar es inseguridad, angustia e incluso síntomas físicos como un corazón dolorido. Pero respuestas y soluciones, nunca.

Expertos se atreven a afirmar sobre las cosas que nos preocupan lo siguiente:

  • 40 por ciento de ellas nunca llegan a suceder
  • 30 por ciento tienen que ver con hechos inmodificables del pasado
  • 12 por ciento se enfocan en opiniones de los demás que no podemos controlar
  • 10 por ciento se centran en la salud personal, la cual solo se empeora con nuestra preocupación
  • 8 por ciento corresponden a problemas reales en los que podemos influir.

Esto lo digo y me lo grito a mí mismo, hasta sacudir los tímpanos del alma ¡Nuestras preocupaciones son innecesarias en el 92 por ciento de los casos! Hay un camino mejor, la confianza en Dios, la seguridad de que Él nos ama y nos guarda.

Si querés una receta para decirle adiós al miedo, podés extraerla del pasaje de Filipenses. Un poco de oración y ruego, cubiertos con salsa de gratitud.

Efecto final: alivio del temor y la preocupación, un estómago sin acidez , uñas completas y un pecho sin opresión.

Versículos para tener esperanza en medio de la enfermedad

Las enfermedades pueden generar miedos y preocupaciones. Incluso pueden hacernos dudar de nuestra fe y pensar que todo está perdido. Pero para eso tenemos la Biblia, para recordarnos que Dios está con nosotros todas las circunstancias que nos toca vivir y que, a pesar de los problemas, su esperanza no nos deja.

Ten en cuenta estos versículos bíblicos para tener esperanza en medio de la enfermedad:

No te inclinarás ante sus dioses, ni los servirás, ni harás lo que ellos hacen. Al contrario, los destruirás por completo y harás pedazos todas sus estatuas. Pero me servirán a mí, el Señor su Dios, y yo bendeciré tu pan y tus aguas, y quitaré de en medio de ti toda enfermedad.

Éxodo 23:24-25 (RVC)

Sean fuertes y valientes, pues Dios peleará por ustedes; no tengan miedo de esos países, porque Dios no los abandonará.

Deuteronomio 31:6 (TLA)

La persona íntegra enfrenta muchas dificultades, pero el Señor llega al rescate en cada ocasión.

Salmos 34:19 (NTV)

Dios dio la orden y los sanó, los libró de la muerte. Den gracias al Señor por su fiel amor, y porque él hace hasta lo imposible a favor de los seres humanos.

Salmos 107:20-21 (PDT)

El Señor devuelve la vista a los ciegos; el Señor levanta a los caídos; el Señor ama a los hombres honrados.

Salmos 146:8 (DHH)

No hay mejor medicina que tener pensamientos alegres. Cuando se pierde el ánimo, todo el cuerpo se enferma.

Proverbios 17:22 (TLA)

Señor, tu disciplina es buena, porque lleva a la vida y a la salud. ¡Tú restauras mi salud y me permites vivir! Sí, esta angustia ha sido buena para mí, porque me has rescatado de la muerte y has perdonado todos mis pecados

Isaías 38:16-17 (NTV)

No tengas miedo, que yo estoy contigo; no te desanimes, que yo soy tu Dios. Yo soy quien te da fuerzas, y siempre te ayudaré; siempre te sostendré con mi justiciera mano derecha.

Isaías 41:10 (RVC)

Oh Señor, si me sanas, seré verdaderamente sano; si me salvas, seré verdaderamente salvo. ¡Mis alabanzas son solo para ti!

Jeremías 17:14 (NTV)

He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad.

Jeremías 33:6 (RVR1960)

Ustedes viven siempre angustiados y preocupados. Vengan a mí, y yo los haré descansar. Obedezcan mis mandamientos y aprendan de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo podrán descansar.

Mateo 11:28-29 (TLA)

Si alguno está enfermo, que llame a los ancianos de la iglesia para que oren por él y lo unjan con aceite en el nombre del Señor. La oración que hagan con fe sanará al enfermo y el Señor lo levantará. Y si ha pecado, él lo perdonará. Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz.

Santiago 5:14-16 (NBV)

Cómo tener devocionALes familiares en días de coronavirus

La nueva normalidad durante el coronavirus consiste en estar en casa, limitar las salidas, mirar el desarrollo de las noticias, evitar los saludos, trabajar desde el hogar (si es posible), y buscar obtener en los supermercados productos y artículos de primera necesidad.

La incertidumbre es grande, pero no todo es tan malo.

Con las escuelas cerradas, las reuniones de las iglesias canceladas, y los llamados a permanecer en casa, los padres ahora disponemos de más horas para estar con nuestras familias.

Esta es una oportunidad inmejorable para emplear el tiempo que tenemos para el bienestar espiritual de nuestro hogar. Como dijo Pablo, necesitamos aprovechar bien el tiempo porque los días son malos (Ef. 5:16). Tenemos una buena ocasión para empezar, retomar, o fortalecer nuestras devociones familiares.

Pensando en eso, aquí hay algunos consejos sobre cómo hacerlo:

1) Establece un objetivo

Ya que la pandemia puede durar varios días e incluso meses, sería bueno establecer algunas metas respecto a lo que leerás y aprenderás con tu familia.

Lo que más recomiendo es escoger un libro de la Biblia y leerlo de principio a fin. Puede ser un Evangelio, una carta de Pablo, o un libro histórico (como 1 Samuel), por ejemplo. Si necesitas una pequeña introducción acerca del libro que leerán, los vídeos de Proyecto Biblia pueden ayudarte. También la serie de artículos Cómo leer tu Biblia.

Esta es una oportunidad inmejorable para emplear el tiempo que tenemos para el bienestar espiritual de nuestro hogar

Si un libro te parece muy extenso, pueden tomar un capítulo de la Biblia y leerlo juntos durante una semana y conversar al respecto. Por ejemplo, en mi hogar comenzamos a estudiar Romanos 8. Pero también podemos escoger un tema de la Biblia y desarrollarlo por los próximas días y semanas. Es decir, puedes estudiar el tema de la soberanía de Diosel sufrimiento, la obra del Espíritu Santoel nuevo nacimiento, etc.

2) Provoca una conversación sobre lo leído

Luego de las lecturas, puedes invitar a tu familia conversar, formular preguntas, y comentar sobre lo que leyeron. En lo posible, pide a todos tus familiares que participen en la discusión y reflexión. Aquí tienes algunas preguntas que pueden plantear al texto bíblico.

En estos momentos es importante saber qué está en la mente y en el corazón de nuestras familias. Por eso recomiendo hacer también preguntas de diagnóstico personales. Podemos preguntarles a nuestros hijos, uno por uno, qué piensan y sienten sobre lo que la Biblia nos enseña. Solo “escarbando” en sus mentes y corazones podremos orientarlos con mayor precisión y efectividad, y así ayudarlos a pensar bíblicamente.

En estos momentos es importante saber qué está en la mente y en el corazón de nuestras familias

3) Oren juntos como familia

Es importante que la familia ore junta en días como estos. Pidamos que el Señor nos guarde y ayude a estar en paz en medio de estas circunstancias.

También debemos cultivar una consciencia de la necesidad de otros hermanos y familiares, y tomar un momento para orar por ellos. Además, debemos orar juntos por nuestros gobernantes y autoridades, por los que están infectados con el virus, por las familias que perdieron algún ser querido por causa de la enfermedad; y por todos médicos, enfermeros, y personal que trabaja atendiendo a pacientes.

Finalmente, oremos pidiendo que muchas personas se salven. Que los hombres se refugien en Cristo para el perdón de sus pecados y la salvación de sus almas. 

No dejemos que las horas libres durante la pandemia sean solo para el ocio. ¡Que Dios nos ayude a discipular a nuestras familias en este tiempo y juntos busquemos su rostro!

Fuente: Coalición del Evangelio

5 consejos para trabajar efectivamente desde casa

Trabajar desde casa puede ser un sueño: flexibilidad de horario, cero horas en el tráfico, y —para dicha de los introvertidos— interacciones personales limitadas a lo esencial.

Pero esto también puede ser una pesadilla.

Si no te organizas adecuadamente, la mañana entera puede pasar sin que hagas nada productivo. Por más introvertido que seas, después de un tiempo las cuatro paredes y las pijamas que antes parecían tan agradables se vuelven algo deprimente.

El equipo de Coalición por el Evangelio es un equipo remoto. Desde el lanzamiento de nuestro sitio web en febrero de 2013, cada miembro del staff trabaja desde casa. A lo largo de los últimos siete años hemos aprendido a trabajar en equipo para crear toda clase de recursos —artículos, libros, videos, podcasts, y aun eventos— a pesar de la distancia.

Estas son algunas de las cosas que nos han ayudado en el proceso:

1) Establece las reglas del juego

Una de las cosas más difíciles de laborar desde el hogar es manejar las interacciones con otras personas que también están en casa.

Invierte un tiempo para conversar con tu familia y pedir su apoyo para que puedas cumplir con tus responsabilidades con excelencia. Explícales exactamente qué necesitas: ¿Cuánto tiempo trabajarás? ¿Desde qué lugar de la casa trabajarás? ¿Necesitas silencio para alguna reunión? ¿Tendrás tiempos de descanso en los que puedas pasar un rato con tus pequeños? 

Si hay niños en el hogar, es natural que el ajuste tome un poco de tiempo. Quizá piensan que el hecho de que estés en casa significa que podrás jugar con ellos todo el día. Habla con claridad y sé paciente. Cumple con tus compromisos; trabaja cuando dijiste que trabajarías y descansa cuando dijiste que descansarías. Poco a poco todos los miembros de la familia se irán adaptando a la nueva rutina.

Cuando la vida personal y laboral suceden en el mismo sitio, es difícil distinguir la una de la otra

2) Marca el inicio y el final de tus labores

Cuando la vida personal y laboral suceden en el mismo sitio, es difícil distinguir la una de la otra. Sin darnos cuenta, terminamos respondiendo correos a las diez de la noche o enfrascados en un videojuego durante nuestra jornada.

Si tienes un horario determinado establecido por tu empleador (en caso de que el trabajo en casa sea una medida temporal, por ejemplo) trata de seguirlo lo más que puedas. Y si no tienes un horario fijo impuesto por alguien más, procura establecerlo tú mismo. Esto te ayudará a no tener que “adivinar” cuándo es tiempo de trabajar y cuándo es tiempo de relajarte con tu familia. Todo tiene su tiempo (Ec. 3:1).

Por supuesto, esto no significa que no puedes aprovechar la flexibilidad de horario que viene con el trabajo en casa. Sin embargo, después de un tiempo laborando remotamente, uno se da cuenta de que los límites nos traen más libertad de la que pensamos. Si no determinamos cuándo es tiempo de trabajar y cuándo es tiempo de reposar, los pendientes de la oficina empiezan a infiltrarse sin avisar en cada momento libre.

Estas son algunas formas de definir tu tiempo de trabajo:

  • Crea un horario de trabajo regular pero flexible.
  • Sal de la pijama y lávate la cara, aunque no vayas a ver a nadie.
  • Designa un lugar específico para trabajar (no en la cama ni en un sofá).
  • Cuando termines tus labores, desconéctate del correo electrónico.

3) Usa la música a tu favor

Las distracciones abundan cuando trabajamos en casa. Desde familiares que quieren platicar hasta el refrigerador lleno de bocadillos, a muchos nos cuesta concentrarnos mientras intentamos cumplir con nuestras responsabilidades laborales desde el hogar.

Un consejo útil para mitigar las distracciones es preparar una lista de reproducción especial para trabajar. Cada vez que te sientes frente al computador, ponte tus audífonos y reproduce la misma música. Si la música no te ayuda a concentrarte, puedes probar con ruido blanco de baja intensidad. Poco a poco empezarás a relacionar esos sonidos con el tiempo de labores, lo que favorecerá tu concentración.

Si estás buscando música para trabajar, puedes encontrar algunas ideas aquí. Si prefieres el ruido blanco, este generador de sonidos es una buena opción.

El trabajo en casa puede ser hecho para la gloria de Dios y el bien de los demás

4) Ten descansos productivos

Cuando estás en la comodidad de tu hogar, un simple viaje a la cocina por un vaso de agua puede convertirse en una hora de comer papas fritas mientras ves videos en YouTube. Es cierto que una de las ventajas de trabajar en casa es que tus descansos pueden ser usados para acostarte en tu propia cama, pero ten cuidado de no caer en la pereza solo porque nadie te está supervisando.

Para descansar de manera productiva, asegúrate de establecer tiempos de refrigerio antes de iniciar el día de trabajo. Coloca en tu agenda espacios de 10 a 15 minutos en los que puedas despejarte sin caer en procrastinación. Invierte ese tiempo en cosas que realmente recarguen tu energía, como caminar un poco o estirarte. De cinco a diez minutos de ejercicio son suficientes para activar tu cuerpo y enfocar tu mente. El cambio de actividad te hará más productivo y honrarás a Dios al cuidar el cuerpo que Él te ha dado.

Otras opciones para despejar tu mente durante tu tiempo de descanso son comer un bocadillo saludable mientras lees algo edificante, poner un temporizador y ordenar alguna habitación, o tener una conversación breve con alguien de tu equipo.

También evita usar las redes sociales en tus tiempos de descanso. Es fácil que seas arrastrado hacia la distracción durante horas y, lejos de darte reposo, pueden llenarte de preocupación.

Tus labores pueden mostrarle al mundo la sabiduría y bondad de nuestro Dios, ya sea que trabajes en casa o fuera de ella

5) Organiza reuniones con tu equipo

Si diriges algún departamento, es tu responsabilidad asegurarte de que cada miembro de tu equipo tenga lo que necesita para hacer su trabajo con excelencia.

También es importante mantener el ánimo elevado entre tus compañeros: pasar días “haciendo lo tuyo” sin contacto con nadie más, y sin saber cómo avanzan las cosas en la organización, puede hacer que los trabajadores se sientan aislados y dejen de disfrutar sus actividades. No tienen que reunirse todos los días (ni siquiera todas las semanas), pero vale la pena que sí lo hagan de manera regular.

Aunque no seas parte del liderazgo, puedes cultivar un sentido de camaradería en tu organización saludando de vez en cuando —aunque sea a través de un mensaje de texto— a distintos miembros de tu equipo. Pregúntales cómo están y ponte a su disposición. Una llamada puede hacer la diferencia en el día de alguien que estaba desanimado.

Trabajando en casa para la gloria de Dios

El trabajo desde casa es cada vez más común en América Latina. A pesar de los retos que conlleva —y como cualquier otro tipo de labor que no vaya en contra de la Escritura— el trabajo en casa puede ser hecho para la gloria de Dios y para el bien de los demás (Col. 3:171 Co. 10:31).

Busca la excelencia aunque nadie te esté supervisando. Tus labores pueden mostrarle al mundo la sabiduría y bondad de nuestro Dios, ya sea que trabajes en casa o fuera de ella.

Fuente: Coalición del evangelio

Ana Ávila es editora senior en Coalición por el Evangelio, Química Bióloga Clínica, y parte de Iglesia Reforma. Vive en Guatemala junto con su esposo Uriel y el bebé Judá. Puedes encontrarla en Twitter.

¿Has perdido la esperanza?

Muchas veces las situaciones más desagradables son las más duraderas en la vida de un creyente. Pareciera no importar cuánto uno pueda esforzarse por obtener paz porque de todos modos las tormentas no llegan a su fin; no importa cuánto uno pueda cuidar su salud, si de todas maneras la enfermedad toca su cuerpo; las horas que uno se desvele trabajando parecieran no hacer diferencia en la economía porque las deudas siguen pasando su factura día a día. Aparentemente el esfuerzo humano no tiene valor, y el desierto parece eterno en el corazón.

¿Alguna vez te has encontrado en una prueba que parece no tener final? Todos atravesamos por circunstancias difíciles, pero vivir angustiado por ellas puede ocasionar un gran daño en el corazón.

Por eso, en esos tiempos de angustia es cuando debemos recordar que a pesar de lo que esté sucediendo en nuestro mundo, Dios sólo tiene pensamientos de bien para nosotros sus hijos.

Jeremías 29: 11 (RVR 1960) menciona: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Quizá las pruebas han desgastado la esperanza que había en ti, tal vez hoy sientes que los problemas son más grandes que tu fe, pero déjame decirte que hay un Dios que lo conoce todo y está dispuesto a escuchar tu clamor.

Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

Jeremías 29:12-13 (RVR 1960)

¡Búscalo con todo tu corazón! Sin importar lo larga que haya sido la espera o lo difícil que sea la situación en la que te encuentres hoy, puedes estar seguro que Él lo hará.

Si crees que has perdido la esperanza, hoy puedes recuperarla.

Para Pedro, recuperar la esperanza significó volver a echar las redes después de no haber pescado nada toda la noche y ¿cuál fue el resultado? Una pesca milagrosa.

En el caso de Moisés, ver la tierra prometida, aunque no pudo entrar en ella, le devolvió la esperanza.

¿Qué significa para ti no perder la esperanza? Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo. Romanos 15:13 (RVR1960)

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.